martes, 5 de marzo de 2019

los elogios

Yo quiero para los traductores el mismo respeto que para el resto de las profesiones. Y eso incluye los elogios. Que ya está bien de que solo se hable del traductor cuando lo hace mal, que nunca se le diga que lo ha hecho bien. Porque, si los dueños de los bares, cada vez que los camareros hacen su trabajo les dicen: «Muy bien ese café», «Qué bien puesto ese servilletero», «Qué gracia sacando esa bandeja a la terraza», «Con qué arte has pasado hoy la bayeta»; si los enfermeros, cuando hacen su trabajo, tienen a alguien detrás de ellos animándoles: «Muy bien el cambio de estas dos camas: ¡a por las siguientes dos!», «¡Qué arte ese gotero!», «Qué dulzura con esa cuña»; si los barrenderos, después de hacer su trabajo, cuando vuelven a dejar las escobas y antes de irse a su casa, oyen: «Qué bien te ha quedado la calle», «Esa Gran Vía muy bien barrida», «Ole ese manejo del recogedor»; si a todo el mundo cuando hace su trabajo se le elogia, ¿por qué no a los traductores?

Yo solo quiero para los traductores el mismo respeto que para el resto de las profesiones. Ni más ni menos. 

(imagen de John Lustig).
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