Esta semana he estado pensando mucho en aquel colectivo de traductores que se hizo llamar @tradupollas. ¿Recordáis su manifiesto? Hace ya casi seis años de él y, lejos de mejorar, la situación que describían ha empeorado muchísimo.
Los perfiles que criticaban son los que triunfan en el sector. Las condiciones laborales dan cada vez más vergüenza, los gurús que imparten cursos dan la impresión de tener cada vez menos nivel, las iniciativas del buenismo tienen cada vez más pinta de ser autobombo y las ideas que se difunden son cada vez de menor nivel y menos fundadas ya no diré académicamente, sino en la realidad. El resultado es que, efectivamente, la gloria que Tradupollas calificaba de ridícula se ha convertido en el objetivo perseguido, cada vez se utilizan más como autoridades perfiles cuya única legitimidad procede de los seguidores que tienen y es cada vez más frecuente que el sentimiento grupal se base en el «acatamiento crítico de unos principios que, como dogmas, tratan de instaurar una hegemonía que no admite contestación». Da todo mucha pena.
Tradupollas, sin embargo, fue una iniciativa que falló. Como ellos mismos confesaron, solo consiguieron constatar la escasa capacidad de abstracción, el escaso sentido del humor y de la autocrítica del sector, así como el miedo a discrepar de la opinión hegemónica. Y, de hecho, sus actuaciones sirvieron para que los blancos de su crítica se convencieran (y siguen convencidos) de que todo el que discrepa lo hace por envidia y para que saquen pecho «como paladines de otros tiempos».
Y lo peor es que ahora tienen más lectores (es un decir), más seguidores y gente convencida de que son la cima de la profesión. Pobre oficio, el nuestro, si esta es la cima… Antes eran indeseables, ahora son mediocracia.
Me pregunto si es posible hacer algo para ayudar al tiempo a poner ciertos comportamientos en el lugar que deben estar. ¿Sería un colectivo como Tradupollas más eficaz ahora que el cansancio y los afectados por dichos comportamientos son más? O, por el contrario, ¿se encontrarían ahora aún más apoyados esos perfiles por la jauría de seguidores que aspiran a ser los próximos? Preguntas hueras, me temo, porque los Tradupollas no volverán y yo ya estoy mayor para hacerme un perfil anónimo e intentarlo.
En fin, baste esto hoy como reflexión. Quizá solo decirlo haga que quien lo lea se anime a ser más crítico o a expresar su opinión. Si lo que vas a decir, querido traductor, es que escribo esto por envidia, ahórratelo. Para empezar, no serías el primero y envidia ¿de qué? Para continuar, es un grito al cielo. Para terminar, mi objetivo es más ideal y ya se ha demostrado que no se va a alcanzar. El comentario no merece, pues, tu esfuerzo.
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