martes, 20 de febrero de 2018

el académico

En una de mis vidas, una amiga (las historias buenas siempre le pasan a las amigas) salió con uno de los ayudantes de los académicos de la RAE, uno de esos que contestan a las preguntas que les hacemos, hacen que funcione el CORDE y ayudan a hacer los diccionarios (¿qué pensabas, querido traductor, que lo hacían todo solos en las reuniones de los jueves?). 

Nuestro querido «académico» (así lo llamábamos en petit comité) era bastante mayor que nosotras y, como podéis imaginar, muy leído, bastante intelectual y de lenguaje florido que algunos llamarían cervantino… lo cual nos daba no pocos motivos para la risa. Porque hay que reconocerlo, que alguien diga que está ahíto cuando se hincha a comer o que llame adminículo al tanga es un poco de chiste. Sobre todo, cuando tienes veinte años. 

Y te estarás preguntando, querido traductor, por qué te cuento todo esto. Pregunta legítima donde las haya, a la que podría contestar simplemente que este es mi blog y me cuento mi vida cuando me viene en gana. Aunque lo cierto es que hay otra razón y es que… me temo que he pasado la línea. 

No, no me quiero poner medallas, pero por las caras que me pone la gente insultantemente joven cuando digo cosas como jaleo, alzapaños, infrascrito o intelecto, diría que he comenzado a sonar como el «académico» y, la verdad, me sigue dando la risa. ¿Y tú? ¿Dices ya alguna palabra viejuna? Me encantará que me lo cuentes, ya sabes.

(foto).

No hay comentarios:

Publicar un comentario