Puede que esta no sea la entrada más larga que vayas a leer en este blog, pero cerca le anda. Es algo que les conté a los alumnos del Máster Universitario de Traducción Editorial de la Universidad de Murcia hace un tiempo y que me gustaría que tú también leyeses, por si te sirve de algo, querido lector. Porque quizá no creas que tienes en tus manos una varita mágica, pero a veces sí.
BIENVENIDOS A HOGWARTS
En primer lugar, me gustaría agradecer a la coordinadora del máster, Ana Rojo, que me haya invitado una vez más a dirigirme a vosotros hoy, en esta jornada de acogida. Sé que en el pasado he triunfado por venir con una varita de hada madrina, pero, en fin, es un honor que crea que, además de la varita, o a pesar de ella, tengo algo que aportaros y que aún puedo ser una inspiración. No, la humildad sigue sin ser lo mío: yo he venido a inspiraros.
Así que, comencemos:
¡Bienvenidos! Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts. Antes de comenzar nuestro banquete, quiero deciros unas pocas palabras. Y aquí están: ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco! Muchas gracias.
No, ahora en serio. Bienvenidos a esta gran escuela de magia. Porque eso será lo que aprendáis a hacer aquí: magia. La de convertir una obra ajena en propia. La de alimentar vuestro mundo con la visión de otro más o menos lejano. La de dar voz a los pensamientos. La de ayudar a conformar la Literatura Universal.
Una escuela en la que tendréis que vivir con grageas de todos los sabores. Los ricos: chocolate, menta y naranja; pero también espinacas, hígado y callos; o lo que puede ser peor, calzoncillos, toalla sucia o vómito. Así es el mundo de las traducciones: algunos textos os gustarán muchísimo y os harán disfrutar de lo lindo. Otros los tendréis que tragar solo porque los tenéis ya en la boca. Nos pasa a todos. Incluso el mejor trabajo del mundo tiene sus lunes malos, y el camino no está exento de pruebas. Quizá no todos acabéis en la traducción editorial, quizás algunos descubráis nuevos caminos inesperados, quizá solo averigüéis lo que no queréis hacer, pero ese es también un muy buen punto de partida para enfrentaros a la vida. Podréis sentiros orgullosos si lo hacéis con pasión, con esfuerzo y con profesionalidad. Y todos os perdonaremos que escupáis una gragea con sabor a toalla sucia, pero nadie –ni siquiera vosotros– os va a perdonar que no la probéis.
Encontraréis también 142 escaleras, puede que menos, puede que más. Algunas amplias y despejadas, otras estrechas y destartaladas. Algunas os llevarán a un lugar diferente los viernes. Otras tendrán un escalón que desaparecerá a mitad de camino y tendréis que recordarlo para saltar. Habrá puertas que no se abran, a menos que lo pidáis con tacto o les hagáis cosquillas. Y puertas que, en realidad, no serán sino sólidas paredes que fingen ser puertas. Y será difícil recordar dónde está todo, porque las cosas parecerán cambiar de lugar continuamente. No os voy a engañar, habrá veces que, después de encontrar la escalera, saltar el escalón ausente, abrir la puerta y encontrar la palabra que buscabais resulte que, de hecho, no la podáis usar. Porque no sea la adecuada, porque enrarezca más de lo necesario el texto, porque sea demasiado moderna o demasiado técnica o, sencillamente, porque suena mal.
Aprenderéis la diferencia entre gritar, agitando los brazos como un molino Wingardium leviosa y alargar la segunda sílaba elegantemente para pronunciar un Win-gaaar-dium levi-ooo-sa que levante la pluma del pupitre. O el espíritu de la palabra del texto original. Es lo que llamamos el don de lenguas: una de las cosas más fáciles y más difíciles. Fácil porque, bueno, todos venís con al menos dos idiomas aprendidos, que habéis desarrollado poco a poco a lo largo de vuestra vida, lo que supone que tenéis capacidad para seguir haciéndolo. Difícil porque, como cualquiera que haya estudiado Transformaciones, sabréis que hay veces que al intentar convertir una cerilla en una aguja lo más que vais a lograr es que se vuelva plateada y puntiaguda.
Veréis en esta escuela, también, cuadros en los que los personajes salen a pasear y pasan tiempo en otros cuadros. Y pasadizos secretos por los que circulan referencias cruzadas. Aprenderéis a no poneros nerviosos si no aparecen a la primera, a esperarlos pacientemente o a buscarlos en otros cuadros. Dicho de forma menos críptica, creo que esa es una de las mayores ventajas que podéis encontrar en un máster de estas características: adquirir referentes culturales o aprender a paliar la carencia de ellos.
Tendréis, para ello, que estudiar los cielos nocturnos y aprender los nombres de las diferentes estrellas y los movimientos de los planetas. Y estudiar Herbología para aprender a cuidar de todas las plantas extrañas y hongos y a descubrir para qué se deben utilizar. No hay saber superfluo para el traductor. Porque las grageas de todos los sabores pueden tener, de hecho, cualquier sabor y tendréis que estar preparados para ello. Así que llegará un momento en que, ante un nuevo texto, cuando os pregunten si sabéis algo del tema, tendréis que aprender a responder como Trinity cuando Neo le preguntó si sabía pilotar un helicóptero: «Aún no».
Y aprenderéis de Pociones. La belleza de un caldero que hierve suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas hechizando la mente, engañando los sentidos… Por si ayuda, creo que ahora también lo llaman Coctelería. Y más de un lunes malo será vuestro único consuelo. Pero acudid, en esos casos, siempre a las grandes mentes y recordad lo que decía Hemingway: traducid borrachos, pero corregid sobrios. Os evitaréis problemas. Aunque siento decíroslo, no la resaca.
Tendréis también que aprender a volar. Lanzaros con brío a buscar el escurridizo snitch del plazo inamovible, inclinándoos hacia delante, las manos en el mago de la escoba que apunta hacia abajo, ganando velocidad en la caída, persiguiendo la bola, con el viento silbando en las orejas y el miedo de estrellaros, para, tras un vuelo de quince metros, extender la mano y, a unos metros del suelo, atraparlo, con el tiempo justo justísimo para enderezar la escoba, descender suavemente sobre la hierba y escribir un correo en el que peinándoos el flequillo como si lo vuestro fuese fácil no se note que pusisteis el punto y final hace treinta segundos, tras dos noches en vela y más horas trabajando y sin ducharos de lo que vuestro pijama puede disimular.
Con la poción multijugos –esta es metafórica, mal pensados–, os transformaréis en las manos en español de vuestro autor. Quedando, como traductores, bajo la capa invisible, no siempre agradable de llevar; no, desde luego, esos días que habéis bordado el puñetero juego de palabras del «Hodor, la puerta» y nadie se va a enterar de que fuisteis vosotros, cachis, ni ver, afortunadamente también hay que decirlo, la danza de la victoria que emprendisteis por vuestro despacho tras hacerlo.
Pero hay algo más que esta invisibilidad contra la que tendréis que luchar. Tendréis que saber defenderos de las Artes Oscuras. Luchar por que vuestros contratos sean legales, por tarifas dignas que os permitan vivir no como ricos, pero sí como los profesionales que seréis, por vuestros derechos de autor, por vuestra dignidad profesional, y aquí aprenderéis a desarrollar ese amor propio, a saber lo que pedir, a construir una red de colaboradores y contactos, a saber dónde asociaros y por qué luchar.
Bienvenidos, pues, a Hogwarts. Mientras estéis aquí, esta casa será como vuestra familia. Tendréis clases con el resto de la casa, dormiréis en los dormitorios de vuestra casa y pasaréis el tiempo libre en la sala común de la casa. Sí, así es la traducción editorial, sea la casa real o metafórica. Pero estáis en una casa de noble historia, que ha producido notables brujas y magos: Miguel Martínez-Lage, Miguel Sáenz, Jose Luis López Muñoz, Carmen Montes, Maite Gallego Urrutia, Ismael Attache solo por nombrar a algunos de mis preferidos. Mientras estéis en Hogwarts, vuestros triunfos conseguirán que la casa gane puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierda. Sed conscientes de ello. Vuestras acciones nos definen ya a los demás traductores. No seáis egoístas y pensad en los demás.
No sé qué más deciros. Aprovechad este momento. Aprovechad la ilusión, el vértigo de empezar algo nuevo, las mariposas en el estómago. Los comienzos son mágicos y yo me cambiaba con vosotros ahora mismo. Lo mejor está siempre por venir, y vosotros sois el futuro. Espero que todos vosotros seréis un orgullo para esta casa.

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